15 mayo 2019




Etapa 20: Laguna de Castilla - Calvor.   36.520 km

Varios nos apuntamos a salir temprano, de manera que ya a las 7.00, estaba en camino.
Inicié la marcha con muchas ganas, pero al haber hecho 800 metros me doy cuenta que había olvidado mis bastones en el albergue.
De manera que esa distancia tendría que hacerla tres veces, además con mucha prisa al bajar, ya que esperaba que alguien quedara adentro pues de no ser así, hasta las nueve o diez de la mañana en que abrieran al público no podría entrar.

No fué el caso de manera que habiendo recuperado los bastones, vuelta a subir por ese camino en ascenso contínuo.
Unos 700 metros más arriba del albergue, aparece el primer mojón jacobeo donde marca las distancias. 

Cuatrocientos metros más adelante el Camino se despide de la provincia de León, que es la provincia con más kilómetros de recorrido del Camino Francés, en total  214,4 km. 
Por fin piso Galicia y, entrando por Lugo.
Llego a O Cebreiro, sobre las 7.40´.

O Cebreiro es un pueblo de piedra, de origen prerromano, y puerta para Galicia por la provincia de Lugo. 


Es otro de los lugares míticos del Camino, a 1.300 metros de altura en el macizo galaico-leonés. 
Es uno de los primeros enclaves que acogió a los peregrinos en su ruta a Santiago. Destaca el simple y primitivo templo prerrománico de Santa María la Real, de los siglos IX y X. 
En el altar está el sepulcro de Elías Valiña, párroco de O Cebreiro desde 1959 hasta su fallecimiento en 1989, gran impulsor del Camino y creador de la flecha amarilla. 
El pueblo comenzó a restaurarse a mediados de los 60 y también las pallozas: antiguas viviendas prerromanas de planta circular u ovalada formadas por paredes de piedra y techo de tallos de centeno. Una de las pallozas alberga un museo etnográfico. Casas rurales, hospederías, bares, mesones y tiendas de recuerdos han convertido a O Cebreiro en un parque temático de los pueblos de altura.
Ver amanecer desde O Cebreiro, junto a sus pallozas, es un privilegio que nos regala el Camino. 
Hoy, estoy en la tierra de Santiago, tierra de nieblas, de castros celtas y de minas explotadas por los romanos; muchas lomas, fragas de robles y soutos de castaños. 

Salgo de la aldea, bordeando el albergue de peregrinos, abrigado por la vegetación de la montaña, seguiré en ascenso desde los 1296 metros hasta los 1370, el punto más alto del Camino Francés en Galicia. 
Desde aquí comienzo a bajar hasta una  pista forestal.
Cuando hice 3,3 kilómetros llego a Liñares, primera parroquia en Galicia, en mi Camino. 
Tras pasar el templo de la parroquia, cruzo la carretera Lugo-633,  y vuelvo a una senda muy cercana a la carretera, llena de hayas, acebos y otras especies. 


Vislumbro el primer alto, el de San Roque, al que no tardo en llegar. 

Al otro lado de la carretera, a 1270 metros, la escultura de un peregrino medieval que avanza contra el viento. 


Siguiendo la senda que va acompañada por la carretera nacional, después de cuatro kilómetros, y en moderado descenso llego hasta los 1.205 metros. 
Después, un falso llano me lleva hasta Hospital da Condesa, donde hay albergue para peregrinos.


Dejo el pueblo y continúo por un surco pegado al guardarrail de la carretera-633. 
Más adelante sigo el desvío a Sabugos y Temple, por un camino que lleva a Padornelo. 
Pueblo con casas de piedra y pizarra.
A la salida de esta pequeña parroquia tengo una durísima cuesta para alcanzar el alto do Poio.
Más de tres kilómetros por la senda pegada a la carretera,en llano, me separan de la siguiente población, Fonfría.
Cruzo Fonfría y de nuevo continúo por la senda junto a la carretera, que me llevará a O Biduedo, a 2,4 kilómetros de distancia. 



Pasado O Biduedo, del Concello de Triacastela, el descenso comienza a hacerse fuerte. 
Estoy a poco menos de 7 kilómetros de Tricastela,  pero en bajada desde unos 530 metros de altitud. 

Por el camino, a la derecha, en el fondo del valle, se comienza a ver Triacastela. 

La aldea posterior a O Biduedo es Fillobal. En esta aldea hay albergue y bar-restaurante.


Salgo de Filloval y tras cruzar la carretera, sigo bajando entre árboles para volverla a cruzar un kilómetro más adelante, junto a un pequeño merendero. 

Por éste camino entro en Pasantes, pequeña aldea con capilla. 
Prosigo camino hasta la aldea de Ramil, con castaños centenarios al borde del camino, y casi pegada a Triacastela. 

Aquí se nota otro movimiento, al ser una de esas etapas finales de cuaderno, bares, albergues, tiendas, de todo en Tricastela.


Paso por Triacastela por la calle central sin detenerme hasta la salida de la población. 
El Camino se bifurca y hay que escoger uno de los itinerarios. 
A mano izquierda,  el trazado hasta Samos y su monasterio benedictino y de allí hasta Sarria. 
El de la mano derecha sigue por San Xil, 6,5 kilómetros más corto pero hay que superar un duro y solitario desnivel en los primeros 5,5 kilómetros.
A la salida de Triacastela giro a mano derecha y cruzo la carretera-633. hasta el desvío a San Xil. 

Tras un corto tramo, abandono la carretera por la derecha para seguir por una pista asfaltada, y luego tomo por un camino que conduce hasta A Balsa.

Por cuesta más pronunciada sigo rodeado de frondosos robles hasta desembocar de nuevo en la carretera, justo a la altura de la Fonte dos Lameiros. 
Un buen repecho por asfalto nos deja a la altura de San Xil. 

La población queda a mano izquierda , sin ver servicios por estos parajes.
El Camino sigue su ascenso por la carretera, al principio parece llano, para endurecerse después, hasta las inmediaciones del alto de Riocabo .  
En el alto dejo la carretera para entrar en el tramo más bonito de la etapa. Pasillos cerrados de castaños, robles, y abedules me acompañan.

La bajada a Montán, es bastante peligrosa ya que el piso está formado por lajas de piedra.
Sigo bajando hasta la aldea de Fontearcuda,  le sigue Furela donde hay bar.
Atravesando por medio de la población  paso la carretera junto a un cartel que anuncia la entrada al Concello de Sarria.


El Camino sigue junto a la carretera -5602. después de bajar dentro de un espeso bosque, llego a la carretera y junto a ella albergue público de Calvor. 
Había fijado Calvor como final de etapa, para cruzar a primera hora de la mañana Sarria, ya que es desde ahí donde parten los "contingentes" de peregrinos que hacen el tramo final.
Entro al albergue, y una nota en el escritorio de recepción indica alojarse a gusto que el encargado vendrá mas tarde.
Busco mi cama, arreglo mis cosas, me ducho, lavo ropa, después de lo cual recibo la llamada de mi primo, José Manuel, queriendo pasar a visitarme.

No pasó media hora en que nos encontramos y pasamos un bonito momento, y siendo que había pasado la semana santa, según Ester, no podía pasar sin el roscón. ( menudo trozo me trajo).
Después de éste encuentro y despedida, hago la inscripción en el albergue.
Más tarde andando, me acerco a un bar cercano para comer algo.
La noche fue tranquila.

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